La cucurbitácea estrella de la temporada, en sus distintas variedades, es tan apta para recetas saladas como dulces. En esta receta utilizamos la potimarrón o Hokkaido

¿Era posible hacer algún plato más con calabaza? Llega el otoño y todas las personas que nos dedicamos a crear recetas enloquecemos, un poco más que el año anterior, con este ingrediente. Aquí mismo hemos hecho varias versiones de crema, hummus, calabaza escabechada, arroces, lasañas… y también postres. A mí lo que me gusta de la calabaza no es la cantidad de cosas que pueden prepararse con ella, que también, sino la cantidad de calabazas que existen, cada una con una forma, color, textura y sabor distintos.

Aunque se ha popularizado la variedad cacahuete o violín debido a su versatilidad —y a que se corta y trabaja con facilidad—, el abanico calabacero es extenso. Está la Curcubita maxima, también conocida como la calabaza de Halloween, recomendada para cremas y purés, ya que es algo amarga y fibrosa. La calabaza bonetera; cuya cosecha es temprana, es achatada, como un platillo volador con forma de pétalos de flor, y puede ser blanca, verde o amarilla.

El tradicional cabello de ángel se elabora con una variedad llamada cidra y su pulpa puede recordar a la calabaza espaguetti, que se deshace en hebras largas que recuerdan a este tipo de pasta. De origen asiático, la calabaza Hokkaido o potimarrón es la más pequeña, con forma de pera, y de sabor muy dulce, perfecta para asarla y gratinarla, también para elaboraciones dulces: hoy, usaremos esta.