La UE no debe desmantelar sus regulaciones sobre internet con el pretexto de que son demasiado complejas o antinnovadoras; no seamos tontos útiles

Nuestra soberanía digital es vital. Redes sociales, comercio electrónico, asistentes de inteligencia artificial (IA)... Cada día pasamos una media de entre cuatro y cinco horas en este espacio informativo a través de nuestros teléfonos móviles y otras pantallas. Es esencial organizarlo, estructurarlo y regularlo. Europa ya se ha puesto manos a la obra. Entre 2022 y 2024, nuestras leyes digitales fueron aprobadas por una abrumadora mayoría de los diputados europeos y por unanimidad de los Estados miembros. El DSA (redes sociales), el DMA (mercados digitales), la Ley de Datos y la Ley de IA (inteligencia artificial) constituyen la base común para la protección de nuestros hijos, nuestros conciudadanos, nuestras empresas y nuestras democracias contra todo tipo de abusos en el espacio informacional. Estas cuatro grandes leyes reflejan nuestros valores fundamentales y los principios de nuestro Estado de derecho.

A día de hoy, este marco jurídico es el más avanzado del mundo. Europa puede estar orgullosa de ello. Nuestro inmenso mercado digital está abierto a todos. Pero los actores que quieran beneficiarse de él deben respetar nuestras condiciones. No temamos desagradar: si no se respetan las leyes, no hay acceso al mercado. Esa es la norma de nuestros grandes socios. ¿Acaso Estados Unidos o China se niegan a aplicar sus propias leyes para complacernos? Apliquemos las nuestras con celeridad. Esa debe ser la primera expresión de la soberanía digital europea.