Dos libros nos invitan a reflexionar sobre la cultura, costumbres y tradiciones de la pesca y su gente
No todos los libros de gastronomía son para cocinar. Detrás de un ingrediente surge un mundo de personas, oficios y tareas que hace posible la economía, cultura y tradición de un lugar. Como decía el antropólogo Lévi-Strauss: “Cocinar es transformar lo crudo (lo natural) en algo humano (cuando ya está cocinado)”. Comer es un acto cultural que convierte la necesidad biológica en un hecho simbólico. Por eso, comer no siempre es el fin. Es el empuje, la estimulación del intelecto, la provocación de la curiosidad.
En los últimos meses, las librerías son ese escaparate donde los recetarios dejan su lugar a las pequeñas historias con alma. Relatos, en muchos casos en primera persona, que tratan de dejar constancia en tinta impresa de un viaje vivido, un plato degustado, una mesa compartida. Hay en todos ellos un aspecto común: el talante de un viajero gourmet, quien se deja llevar por los aromas de un país, en busca de la cultura de un pueblo a través de lo que se guisa o lo que se vive en las casas, mercados, restaurantes o puestecillos callejeros.
Para el chef y escritor Sylvain Roucayrol han sido necesarios dos años para dar forma a Fish. Cocinar pescado de Marsella a Tokio, recientemente traducido por José Luis Díez Lema para la editorial Cinco Tintas. Un anómalo y bello libro, a medio camino entre un relato de viaje culinario y un recetario, donde los protagonistas son los productos del mar. “El mar fue nuestra fuente de inspiración”, escribe el autor, “elaboramos estas recetas in situ, con los productos locales y la energía de las seis ciudades que visitamos: Marsella, San Francisco, Lisboa, Nápoles, Barcelona y Tokio”. Seis ciudades con un nexo común, el mar “y el que son grandes puertos que no se dejan descubrir fácilmente. Por eso, nuestro sistema fue explorarlos, abrazarlos e incluso casarse con ellos antes de que nos abrieran su corazón”, cuenta. De ahí que el relato, en primera persona, se gestara primero investigando, después probando, anotando, fotografiando y, por último, cocinando. “El resultado de este proceso lo hemos plasmado en este libro”, subraya el autor.






