El Barça encontró de momento la portería contraria en la búsqueda de la identidad perdida y despachó un partido que solo admitía la victoria después de la difícil digestión del clásico del Bernabéu

Aunque continuaron las concesiones en el área propia, los azulgrana recuperaron el amor propio, el apetito y el vértigo ante un Elche con tanta personalidad como poca mecha, abatido por el gatillo de Lamine, Ferran y Rashford. No fue un partido para tirar cohetes en Montjuïc ni tampoco para muchos reproches ante la ristra de bajas a pesar de la reaparición de Olmo y Lewandowski. La mejoría fue tan relativa que el barcelonismo deberá tener seguramente la misma paciencia con el equipo que la sufrida con el regreso al Spotify Camp Nou. Hay que ganar tiempo sin conceder más puntos para marcar distancias con el Atlético y el Villarreal y no perder de vista al líder Madrid. Alcanzó por ahora ante el Elche con el poder resolutivo de los tres delanteros y una buena versión de De Jong.

No es fácil dar con una solución colectiva cuando cada partido plantea un inconveniente, ninguno tan delicado como el último, que consiste en sustituir a Pedri, un futbolista que no tiene recambio en el Barcelona. A efectos de la alineación, jugó Casadó y aumentaron las prestaciones y responsabilidades de De Jong, mientras Araujo ocupaba el puesto de Cubarsí. La vulnerabilidad defensiva, sin embargo, no es un asunto exclusivo de los centrales y laterales, sino también de las pérdidas que dificultan la continuidad en la línea de pase y de la fallida presión en cancha rival por la falta de delanteros esforzados como Raphinha. Los adversarios se agrandan cuando ven jugar al Barça. El Elche se confió tanto con su superioridad inicial con la pelota que se condenó en dos jugadas resueltas sin pestañear y en apenas diez minutos por Lamine y Ferran.