El conjunto azulgrana se estrella contra los palos y contra el portero Remiro y la derrota reduce su ventaja ante el Madrid a un punto

La carrera victoriosa del Barça, ganador de los últimos 11 partidos, alguno de forma esforzada, otros de manera afortunada y varios por su contundencia, se acabó el día en que jugó uno de sus mejores partidos en Donostia. Peleados con los palos (hasta cinco tiros dieron en la madera), negados por el VAR (tres goles y un penalti fueron anulados) y despejados por el meta Remiro, los barcelonistas claudicaron cuando más necesitado de aire estaba el Madrid. La diferencia queda reducida a un punto cuando dobla el calendario de Liga. La frustración barcelonista fue enorme porque su ejercicio fue tan bueno y meritorio como estéril y desafortunado para alegría de una sufrida y competitiva Real Sociedad.

No fue un problema de jugadores sino de puntería en ausencia del capitán Raphinha. Ausente el brasileño por lesión, no jugó Rashford, sino que Fermín se juntó con Olmo mientras como delantero centro se mantenía Ferran por delante de Lewandowski. Una delantera inédita que atacó muy bien desde el inicio por su movilidad y agilidad, siempre agitada desde el costado derecho por el fútbol punzante de Lamine. Nada más empezar el partido ya tuvo que intervenir Remiro ante un disparo de Pedri y cinco minutos después el VAR anuló un gol de Fermín por falta de Olmo a Kubo. El encuentro se localizó descaradamente en la cancha de la Real por la fluidez y la presión del Barça. La sutileza de Olmo, volcado a la banda izquierda, es una bendición para el juego agresivo del equipo de Flick. Únicamente la falta de contundencia, y a veces de precisión en el último pase, impedía que el marcador certificara el dominio azulgrana ante la Real.