Los azulgrana solucionan en media hora una semifinal en que la debilidad de los rojiblancos contrasta con la contundencia de los jugadores de Flick, liderados por el talento de Pedri y la voracidad de Raphinha
Hay partidos que se deciden por inercia, pocos tan cantados en el pronóstico como el de Yeda, porque ahora mismo no hay un equipo más abatido que el Athletic ni tan eficaz como el Barça. La confianza y la energía de los azulgrana contrastaron con la caída y el desánimo de los rojiblancos, irreconocibles también en el frío estadio de Arabia Saudí. Los aficionados no llenaron ni siquiera el campo, como si supieran del desenlace del encuentro, condicionado por el momento de los contendientes: el Athletic es hoy un equipo desbravado y depresivo que pena sin remedio, sobre todo ante los equipos optimistas y contundentes como el Barcelona.
La suplencia de Lamine Yamal y Nico Williams, ambos delanteros que juegan con el 10 en sus equipos y son buenos amigos en la selección, parecía redundar en el duelo Unai Simón-Joan García, internacional el vasco y aspirante el catalán, excelentes porteros de dos equipos frágiles defensivamente, especialmente el Athletic. La vulnerabilidad rojiblanca es tan manifiesta que ahora mismo no se sabe si empieza o acaba en su guardameta, torpe en alguno de los goles del Barcelona, especialmente en el tercero de Roony Bardghji, que se apuntó a una fiesta que en el último tramo contó también con Lamine.






