De la huerta al tarro, las conservas navarras preservan la fuerte identidad de su tierra para saborearlas en las mesas (y en los restaurantes) durante todo el año. Un fondo de armario inagotable, del piquillo al espárrago, de la pocha a la alcachofa, bajo el sello Reyno Gourmet
La riqueza gastronómica de la huerta navarra no termina con la temporada de cosecha. Desde hace décadas, en tiempos de posguerra civil, la Comunidad Foral aguarda (y guarda) lo mejor del campo para disfrutarlo en los meses de frío. Durante generaciones, las familias de los valles de la Ribera o de los nevados picos de los Pirineos, por ejemplo, han almacenado tarros de verduras, legumbres o frutas limpias y cocidas para tenerlas disponibles todo el año en los hogares. Por su sabor y carácter, estos alimentos se han convertido en símbolo de identidad y calidad navarras, reconocidas bajo el sello Reyno Gourmet.
Esa tradición conservera ha dado lugar a una industria muy pujante basada en la artesanía, la tecnología y la sostenibilidad. Y no solo para prolongar la vida de los alimentos todo el año, sino para mantener intacto su sabor, su color y su textura, únicos en el país.
Una de las verduras identitarias de la gastronomía navarra es la Alcachofa de Tudela, Indicación Geográfica Protegida. Redonda, carnosa y con un corazón tierno, la blanca de Tudela crece en una treintena de municipios del sur de la Comunidad Foral, en fértiles y templadas tierras próximas al Ebro.






