El capitán anota los dos goles ante el conjunto de Matías Almeyda, tan competitivo como desafortunado

Y todavía sigue habiendo gente que pone en duda lo que es Mikel Oyarzabal en esta Real Sociedad. Continúan negándole al pan al que es santo y seña de este equipo. El que nunca hace nada ha vuelto a aparecer cuando la Real más le necesitaba, cuando las dudas generadas a su alrededor corrían serio peligro de engullir un proyecto que, todo hay que decirlo, no ha comenzado de la mejor manera posible. En estos momentos de indecisión y de mucho runrún, el capitán aparece como el mejor asidero al que agarrarse para surfear las olas de la desconfianza. Porque él nunca falla. No lo hace ni en la Selección ni, mucho menos, en un equipo que en un corto espacio de tiempo se ha quedado huérfano de referentes como lo eran Le Normand, Merino y Zubimendi. Aunque el verdadero líder siempre ha sido él.

Oyarzabal, que hoy cumple diez años en Primera División y tenía muy presente la efeméride, creyó más que nadie en la acción que dio origen al primer gol. Todo el mundo, incluso Alexis Sánchez, pensaba que ese balón iba a acabar saliendo por la línea de fondo, pero no. El 10 corrió como si la vida le fuera en ello, salvó la pelota, se la puso a Guedes y el centro de éste acabó golpeando en el brazo de Cardoso. El juez, Cordero Vega, no lo dudó. Pitó uno de esos penaltis tan de moda en el fútbol actual que, en otro tiempo, hubiera pasado desapercibido. Mikel Oyarzabal cogió el balón. No dudó en su lanzamiento y engañó por completo a Odysseas. 1-0.