El número de comercios de proximidad en la Comunidad de Madrid ha caído un 14% en cuatro años. Para los que resisten, adaptarse a los hábitos de consumo y a la transformación de las ciudades es tan fundamental como fortalecer los vínculos con clientes y proveedores

Es una escena singular y cada vez menos frecuente en una ciudad grande y frenética: una mujer llega a media mañana a una tienda céntrica para comprar un par de cosas, pero, antes de adentrarse en los pasillos, se detiene en la entrada a darle dos besos a la dueña del establecimiento. Esa clienta es María del Carmen Toro (Madrid, 58 años), vecina desde hace una década del barrio de Salamanca, en Madrid, y ese saludo cariñoso surge cuando llega al Supermercado Villalar, el comercio de María José Rodríguez (Sevilla, 55 años).

La mudanza de Toro al barrio coincidió con la fecha en la que el negocio se traspasó al matrimonio formado por Rodríguez y Antonio Lozano (Madrid, 55 años). Él, tras dos décadas en el local, se suele encargar de las tareas más físicas y ella del papeleo y las gestiones. Ambos reconocen a muchos de los que diariamente cruzan la puerta. A pesar de que está ubicado en un punto transitado y neurálgico de la capital (a apenas unos metros de la puerta de Alcalá), la marca de la casa es su estrecha cercanía. Y es correspondida, como ilustra una sonriente Rodríguez desde su pequeño comercio: “Cuando nació mi hijo, hace 17 años ya, algunos clientes vinieron a verme y a traerme un detallito”.