El nuevo corto de Gala Hernández y películas como ‘Materialistas’ exploran cómo el ideal del gestor financiero es el nuevo espejismo de la buena vida
Pol Gascó tiene 21 años y sueña con conducir un Lamborghini azul celeste, vivir en Miami y ganar más de 10K (10.000 euros) al mes. Para lograrlo, escucha podcasts sobre bitcoins, ha leído varias veces Piense y hágase rico y ha colgado un “mapa de sueños” junto a la pantalla de su ordenador. “Cuando más lo visualizas, más lo atraes”, dice sobre su collage de postales que muestran billetes de 50 euros, la estatua de la Libertad, una mansión acristalada con piscina infinita y el modelo de coche que aspira a conducir por Segur de Calafell (Tarragona), donde vive con su abuela y su chihuahua, hasta que pueda mudarse a Estados Unidos. Como dicen los amigos con los que queda en parkings para echar la tarde, Pol quiere romper la “cadena de pobreza” de su familia. Aspira a ser la mejor versión de sí mismo, se ejercita a conciencia y paga a una academia de asuntos financieros pese a que varias asociaciones la acusen de ser una “criptosecta”. Pol solo quiere atraer la riqueza a su vida para poder ayudar a su abuela y que los pobres dejen de serlo. Por eso cada noche escribe decenas de veces la misma frase en una libreta: “Estoy agradecido de ser diamante y generar 10K al mes”.







