El presidente de Estados Unidos lleva a cabo el mayor cambio que ha experimentado la residencia presidencial desde Harry S. Truman y muchos ven en su mastodóntico proyecto un símbolo de sus políticas

Tras la investidura de Trump el pasado enero, los comisarios de la colección de arte de la Casa Blanca iniciaron una peculiar búsqueda del tesoro en el inventario de adornos y muebles de la residencia. Oro, el presidente quería oro, y entre los diversos candelabros, figuras de vermeil y demás objetos relucientes que le mostraron, el propio Trump luego se encargó de escoger aquellos que le gustaban más para el Despacho Oval. ...

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Se conoce que no le bastaron. Un mes más tarde, en febrero, las imágenes de su tensa audiencia con el presidente Zelensky desvelaron que había sustituido la famosa hiedra sueca que llevaba décadas sobre la repisa de la chimenea (uno de los símbolos de la Casa Blanca) por nueve piezas de la colección de antigüedades: cinco adornos de plata dorada que le regalaron a Eisenhower; dos cestas estilo Imperio de Nixon y dos de los centros de mesa en bronce dorado que James Monroe, quinto presidente de los Estados Unidos, les encargó a unos orfebres de París.