Los lectores y las lectoras escriben sobre las actitudes de los hombres en los bares, la censura de libros en EE UU y el auge de las universidades privadas
Es viernes, y has quedado con tus amigas para ponerte al día, hablar del trabajo de cada una, o de la actualidad política. Las parejas respectivas se han quedado en casa. Te has puesto guapa porque te gusta arreglarte. Has elegido un sitio donde tomarte una copa luego y, si se tercia, hasta bailarás. Y ahí, cuando estás pidiendo una copa, se te acerca alguien. No le haces caso, porque no te apetece. Pero él insiste, te pregunta que si conoces a Mecano —la música que suena—, te dice que sois más jóvenes que él, que era un supergrupo… Le contestas que sí, le sonríes sin ser borde, pero dejando claro que te deje tranquila, lo evitas. No vas a tener una conversación con él. Esa persona insiste d...
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e nuevo en explicarte lo bueno que eran los grupos de su época, pero no le contestas nada porque no quieres que siga. El ya pesao se cree con autoridad de explicarte cosas, de decirte lo que es bueno, se acerca demasiado. Incomoda. Te planteas ahora sí, ser borde. Ese hombre no entiende que tres amigas hayan salido solas un viernes por la noche. Las relaciones han cambiado, nosotras hemos cambiado. Muchos no lo entienden. Lo que nos pase nos lo habremos buscado, dirán algunos.






