El emprendedor catalán ha convertido a Mantequerías Pirenaicas en el gran imperio de la tortilla en Barcelona y no tiene ninguna intención de quedarse quieto

“Por un lado, tienes a los tipos creativos, los que crean cosas de cero. Por otro, los que saben de números, los que hacen que las cosas no se desmadren y que todo sea rentable. Y en medio estoy yo, cuya única virtud es que soy muy simpático”, dice entre risas Miguel Puchol. “Durante 10 años estuve en un

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-dtm="">equipo de balonmano y fui lo peor que les pasó: desde que llegué no dejaron de empeorar. Pero eso sí: yo era el más simpático del equipo. Bueno, también sirvo buena comida de cuando en cuando. Si sumas las dos cosas ya son un mucho”, cuenta este empresario cuya simpatía es solo superada por su modestia.

Puchol (35 años, Barcelona) es uno de los emprendedores culinarios con más éxito de Barcelona. Desde la apertura de su primer negocio en 2015, el restaurante Mantequerías Pirenaicas (Muntaner, 460), su nombre ha estado ligado a algunos de los proyectos más potentes de la Ciudad Condal y algunos de sus socios en otros locales, de Enric Rebordosa a Kim Diaz, solo tienen buenas palabras para él. “Es imposible enfadarse con él”, cuenta Rebordosa, la mitad del Grupo Confitería; “es el tipo más sereno y tranquilo de Barcelona”, dice Diaz, propietario del Bar Mut, Entrepanes Diaz o la Bodega Solera.