La sucesión de primeros ministros frustrados demuestra la ceguera del presidente ante la crisis institucional que él mismo ha agravado

Ignorando la firme oposición de su propio campo político y del resto de partidos consultados, Emmanuel Macron volvió a nombrar este viernes a Sébastien Lecornu como primer ministro cuatro días después de que dimitiera. El inquilino de Matignon, cuyo último ejecutivo

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laberinto.html" target="_blank" rel="noreferrer" title="https://elpais.com/internacional/2025-10-07/macron-atrapado-en-su-laberinto.html" data-link-track-dtm="">duró apenas 14 horas, vuelve con la delicada misión de nombrar un Gobierno para el lunes. Solo así podrá presentar los Presupuestos dentro de los plazos establecidos por la Constitución francesa.

La temeraria decisión de Macron de confiar de nuevo en su hombre más fiel no solo refleja su creciente soledad, sino también su incapacidad de entender que lo que reclaman tanto los partidos como la ciudadanía es un corte definitivo con el macronismo. El presidente francés, responsable de sumir el país en una de las crisis institucionales más graves de su historia reciente al disolver el Parlamento en junio de 2024, vuelve a dejar en evidencia su férrea negativa a una cohabitación pese a que la izquierda resultó ganadora de aquellos comicios.