El presidente francés, otra vez sin el escudo del primer ministro, deberá encontrar una solución urgente y radical a una crisis que amenaza con liquidar un régimen

La política parlamentaria francesa, la solidez de sus instituciones y la credibilidad en los mercados se desangran lentamente desde que el 9 de junio de 2024 el presidente de la República, Emmanuel Macron, decidió jugarse al póquer la estabilidad del país. Las elecciones legislativas ...

que convocó, lejos de clarificar la situación política, como se proponía, arrojaron un resultado endiablado que fracturó un Parlamento incapaz de llegar a acuerdos. Poco más de un año después, tres primeros ministros y una preocupación creciente que se extiende más allá de sus fronteras, Macron está obligado a un cambio de paso radical para sacar al país del bloqueo. Se ha concedido dos días más, rezaba el comunicado emitido a media tarde del lunes por el Elíseo. Transcurrido ese tiempo, “si fracasa, asumirá sus responsabilidades”.

La bomba de racimo provocada por la disolución fallida de la Asamblea Nacional en junio de 2024 sigue causando estragos en la vida política y económica del país. Sébastien Lecornu, íntimo colaborador de Macron, nombrado primer ministro hace apenas 27 días, dimitió en la mañana del lunes. Es el quinto primer ministro de la legislatura, y el tercero en solo un año. Tiró la toalla apenas unas horas después de empezar a nombrar a su Ejecutivo, al comprobar que, igual que sus dos predecesores, terminaría siendo derribado. Este es un récord histórico para la V República, llamada en su momento a dar estabilidad al país y cuestionada ahora por sus propias turbulencias.