Ocho meses después de la formación del último Gobierno, Francia vuelve a sumirse en una crisis política de raíces profundas que obligará al presidente, Emmanuel Macron, a buscar una solución rápida y efectiva. Salvo que se produzca un giro de última hora que nadie espera, François Bayrou dejará este lunes de ser primer ministro, pero también el cortafuegos entre el jefe del Estado y el Parlamento, entre el presidente y los ciudadanos, que se encuentran más alejados que nunca del inquilino del Elíseo (Macron solo cuenta con el apoyo del 15% de la población). Habrá entonces dos opciones: encontrar rápidamente una figura de consenso, un nuevo primer ministro capaz de recabar el apoyo de la derecha (Los Republicanos) y los socialistas; o convocar elecciones legislativas, solo un año después de las últimas. Según las encuestas, esos hipotéticos comicios llevarían al país a una nueva situación de bloqueo o a la victoria de la ultraderecha.

Francia encara una semana crítica en la que se cuestionará todo el sistema. A la previsible caída de Bayrou en la moción de confianza que debate el Parlamento esta tarde le sucederá el miércoles un paro general convocado a través de redes sociales por organizaciones de izquierda, y al que se ha sumado La Francia Insumisa (LFI) de Jean-Luc Mélenchon. Ese paro amenaza con bloquear el país —todavía más— para protestar contra los recortes de 44.000 millones de euros que pretendía imponer Bayrou. El día 18, los sindicatos de transportes se movilizarán también en toda Francia, pero podrían sumarse otras categorías.