Un negocio familiar, dirigido por la cocinera Maite Llosa Lozano, donde todo se hace al momento, con producto propio y de cercanía

Durante un tiempo se dedicó al mundo de la perfumería y la estética, que abandonó tras sufrir una lesión en la mano. Algo le queda de aquella época a María Teresa (Maite) Llosa Lozano, cuarta generación al frente de los fogones de La Reguerina, un pequeño restaurante a pie de carretera, en el kilómetro 35 de la N-632, la que une Ribadesella con Canero, ...

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entre Rodiles y Venta del Pobre. Una dirección que cuesta compartir. Una parada fija para quienes ya conocen el género que se gasta en esta casa: fresco y preparado al momento.

Y todo un descubrimiento para quienes cruzan por primera vez el umbral del local, de suelo de terrazo blanco y negro, bien pulido y abrillantado, con una barra alicatada en tono verde oliva y unas pocas mesas repartidas entre dos salones —con capacidad para una treintena de comensales—, decorados con fotografías que desgranan la historia familiar, recuerdos y plantas hermosas. Un apunte: viendo el cuidado y el mimo con que Maite atiende las macetas, puede adivinarse la pulcritud de su cocina. En ella trabaja, con calma y sin prisa, bajo el mismo techo en el que creció y aprendió a cocinar, de la mano de dos maestras guisanderas a las que venera: su abuela y su madre, que aún sigue enredando cerca.