Los rojiblancos se imponen con un gol final de Rego en un partido marcado por la polémica arbitral

Un catastrófico arbitraje de Alejandro Quintero estropeó el partido de San Mamés entre el Athletic y el Mallorca en el que los bilbaínos volvieron a ganar después de varias jornadas de sequía. Un penaltito para abrir boca, el reparto indiscriminado de tarjetas, incluso para cortar una entrada peligrosa de los bilbaínos al área del Mallorca porque Muriqi protestaba desde el suelo; la doble amarilla en tres segundos a Antonio Sánchez, desquiciado por el trencilla, y como colofón, un final embarrado cuando Leo Román subió a rematar la última jugada, cazó sin balón a Maroan, que se marchaba hacia la portería vacía, y pitó la falta posterior de Nico Williams, tarjeta incluida, sin darle tiempo a disfrutar la ley de la ventaja. Despropósito total al que, por fortuna, no se unieron los futbolistas, más cabales en su hacer que el juez.

Salió en tromba el Athletic, como el temporal que azotaba el Cantábrico, más viento que lluvia, y el Mallorca apenas podía tenerse en pie en San Mamés. No salía la pelota del área de Leo Román, acechaba el peligro, que podía concretarse en cualquier cosa, y pasó. Llevaban los bilbaínos dos remates fallidos de Williams y Robert Navarro cuando en el tercero, que también intentaba Iñaki, Martin Valjent golpeó en la suela del delantero, nada en principio, aunque apareció el VAR para avisar de un penaltito del nuevo fútbol, que Iñaki transformó para inaugurar el casillero.