Un gol de Pere Milla, que vive su propia redención, y otro de Roberto Fernández parecían encaminar al Espanyol hacia una noche plácida en Cornellà. El equipo volaba, dominaba al Mallorca, encontraba profundidad por las bandas y se sentía arropado por 26.082 aficionados un lunes en el RCDE Stadium. Pero el duelo dio un vuelco en cuestión de minutos: penalti para el Mallorca, expulsión de Milla y arreón de Muriqi para igualar el marcador en el tramo final del partido. Lo que era un vuelo tranquilo se convirtió en un ejercicio de resistencia, y entre el vértigo apareció Kike García para transformar un penalti y sellar un triunfo que mantiene al Espanyol en una nube esta temporada (3-2). El triunfo perico catapulta al equipo tercero en la Liga, en puestos de Champions y empatado con el Barça por detrás del Real Madrid, al que se enfrentará el próximo fin de semana. Y también sostiene la comunidad con su afición, que responde al buen momento de su equipo.
El arranque tuvo color bermellón. El Mallorca quiso mandar, pero apenas resistió unos minutos la intensidad del Espanyol. Pronto apareció Javi Puado, incisivo en la izquierda, generando peligro con sus centros al área cargada de jugadores pericos. El capitán arrastraba defensas para que Carlos Romero, veloz y determinante, doblara por fuera y generara el primer gol: centro preciso de Romero y toque sutil de Milla, suficiente para superar a Leo Román. El tanto confirmaba la transformación del delantero, de la suplencia crónica, a firmar tres goles en cuatro partidos.






