Fueron a por los cómicos porque entendieron que el humor no era ligero ni banal, sino un peligro en el nuevo mundo: el humor se había vuelto subversivo y rebelde, símbolo de resistencia

Fueron a por los cómicos para que, visto con cierta distancia, pudiera hacer hasta gracia, una gracia hiriente: que se consintieran los crímenes de guerra,

le="https://elpais.com/internacional/2025-08-21/trump-alardea-del-despliegue-de-tropas-y-policia-federal-en-washington.html" data-link-track-dtm="">se militarizasen las calles o se liberase a quienes tomaron por asalto el Capitolio y, a la vez, que se señalase a los humoristas.

Fueron a por los cómicos porque entendieron que el humor no era ligero ni banal, sino un peligro en el nuevo mundo: el humor se había vuelto subversivo y rebelde, símbolo de resistencia. Por eso apuntaron a los chistes, porque de tanto debatir sobre los límites del humor nadie se adentró en los límites del poder.

Fueron a por los cómicos porque en aquel mundo que a veces parecía una broma todas las cosas eran ciertas, sobre todo aquellas que, apenas unos años antes, sonaban exóticas y exageradas, precedidas por una ristra condescendiente de no se atreverán y de eso cómo va a ser. Aquello iba entonces tan en serio que por eso les sobraban las bromas.