Trump carga contra los cómicos en Estados Unidos y en España los humoristas son blanco habitual de las demandas de organizaciones ultra, que intentan poner límites a la libertad de expresión
Los bufones solían licencia para soltar verdades a los poderosos a cambio de hacerles reír. Pero no todos los reyes, presidentes y diputados se sienten cómodos con los bufones, y muchos políticos han sentido la tentación de silenciarlos o, al menos, de ponerles límites. Quizás un chiste no pueda cambiar ningún voto, pero a muchos políticos les da más miedo un cómico que un tertuliano....
Por ejemplo, Donald Trump cargó en su primer mandato contra Saturday Night Live, especialmente por las imitaciones de Alec Baldwin, y en este segundo ha celebrado la cancelación del programa de Stephen Colbert, uno de sus críticos más acérrimos, y la suspensión temporal del espacio de Jimmy Kimmel, propiciada por las presiones de la Comisión Federal de Comunicaciones. En España, organizaciones ultra como Abogados Cristianos y Hazte Oír han arrastrado con frecuencia a los humoristas ante los jueces. Estos procesos están condenados al fracaso, pero añaden presión sobre la libertad de expresión y pueden provocar la autocensura entre cómicos y guionistas para ahorrarse los costes de un juicio.






