El error decisivo del minuto cuatro (1-0) condiciona por completo el regreso del equipo de Castellón a la Champions
La ley de la peluquería, promulgada una vez por Andoni Zubizarreta, golpeó con puño de hierro al Villarreal en Londres. El vistoso Luiz Júnior, guardameta groguet de peinado barroco, horas dedicadas al trenzado del cabello en simétricas composiciones de hipnótica perfección geométrica, se metió un gol en contra en el minuto cuatro y cambió por completo la dinámica del partido del regreso del Villarreal a la Champions. Ni los visitantes se sobrepusieron ni los afortunados vencedores del Tottenham salieron del cauce burocrático de pura administración del resultado. El partido se extinguió poco a poco en intentos cada vez menos enérgicos. Apenas se registró un tiro a puerta, de Pape Sarr, desde fuera del área. Esta vez, Luiz desvió fuera de su red.
Decía el gran portero vizcaíno que desconfiaba de los colegas preocupados por el peinado. Desconfiaba Zubi de las melenas manicuradas, de las trenzas, de las exhibiciones capilares, del pelo largo en general, no por nada, sino porque constituyen un indicio de narcisismo en un puesto ingrato y peligroso que exige máxima atención a todo menos al pelo. Sea como fuere, sucedió que Bergvall metió un centro desde la derecha y —tal vez alarmado por la irrupción de Richarlison— Luiz Júnior se abalanzó sobre el balón de tal modo que su efusivo intento de blocaje cortó la trayectoria pero lo desvió el proyectil hacia su propia portería.






