Dos errores garrafales del meta checo, sustituido a los 17 minutos, y otros de sus zagueros dejan franca la eliminatoria para el conjunto rojiblanco, en el que Oblak también regaló un gol (5-2)

Cuando el fútbol se ceba con alguien en su modo más canallesco, puede resultar hasta delirante y dantesco. Lo supo el Tottenham, al que las pifias de su portero Kinsky y de sus defensas le regalaron cuatro goles al Atlético apenas en los primeros 20 minutos de juego. Si le queda alguna esperanza al potentado equipo del norte de Londres es que el Atlético también le regaló dos tantos. El segundo que estableció el 5-2 definitivo, una mala entrega de Oblak con la que Solanke empotró su disparo por arriba, pareció obra de un efecto contagio. El borrón del esloveno dejó vivo para la vuelta en Londres a un equipo que bordeó la histeria por tanto error.

Una tras otra, las cantadas del meta checo y de sus zagueros se fueron sucediendo hasta el punto de que la eliminatoria pudo quedar decidida sin más esfuerzo para el Atlético que presionar la salida del balón de su errático rival. Primero un resbalón de Kinsky en un saque de puerta que hizo que el pase cayera en las botas de Lookman. Un toque a Julián y éste a Llorente para que fusilara. Después fue Van de Ven el que besó la hierba cuando intentaba controlar una pelota aérea. Griezmann no perdonó la incrédula y desesperada salida de Kinsky. La negra faena del guardameta checo terminó cuando le pegó al aire tras recibir una cesión. Julián Alvarez se metió en la portería silbando ante el jolgorio de las tribunas del Metropolitano. Tres goles en 15 minutos y esos dos errores groseros obligaron a Igor Tudor a rematar a su extraña apuesta bajo palos. El hombre se dirigió a la caseta a los 17 minutos con un miembro del cuerpo técnico del Tottenham tratando de consolarle. Vicario, el titular, se estrenó con un paradón producto de otra desgracia. Su central Danso le estrenó con un cabezazo de nueve de toda la vida y le hizo volar a la escuadra para palmear el pernicioso y traicionero remate. Le Normand lo empujó sobre la raya de gol. Ni en partidos amañados se ofrecen de manera tan consecutiva tantas concesiones.