El cabezazo del central cierra el marcador (2-2) en el último minuto de un partido que el equipo castellonense controló a pesar de los accidentes

“Pido perdón a mis compañeros porque he perdido un balón”, dijo Dani Parejo, cruzado de brazos después de la batalla, “pero somos humanos y alguna vez fallamos, y yo seguiré pidiendo el balón como siempre porque es mi carácter, y esta forma de jugar nos ha dado más de lo que nos ha quitado”. ...

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El capitán del Villarreal hizo acto de contrición al cabo de un duelo trepidante en La Cerámica. Un partido que comenzó controlando el Villarreal hasta que un error de Parejo, que le entregó la pelota a Conceiçao, puso en bandeja el 1-2 y obligó a sus compañeros a intentar la remontada por la vía heroica. Logró el empate Renato Veiga de cabeza, a la salida de un córner en el minuto 90, tras un largo asedio que premió la contumacia del equipo de Marcelino. Después de un gran esfuerzo, el Villarreal atrapó su primer punto en esta Champions.

La Juventus, modelo secular de clase, sobriedad, continencia, orden y templanza, ha derivado en un conjunto de jugadores agitados, demasiado inseguros tras una década de confusión institucional como para no dejarse intimidar por la puesta en escena de La Cerámica. La calma, el saber estar, la convicción en la tarea y en la misión, correspondieron al Villarreal en la entrada a un partido que el pueblo acogió con la emoción de las fiestas equinocciales. El equipo castellonense se encontró en su elemento en el regreso de la Champions, y, sobre todo, desde que Tudor envió a sus hombres a presionar más arriba de lo que acostumbran. Tal vez en la creencia errada de que aquello que habían hecho Guruzeta, Jauregizar y Ruiz de Galarreta el sábado en Liga, lo podían repetir Yildiz, David y McKennie el miércoles en Champions. Tudor descubrió pronto que el Athletic presiona mejor que su Juve, y que cada minuto que el equipo italiano permanecía en bloque medio sin la cultura ni la certeza necesarias para vivir el en riesgo, era un minuto consagrado a la felicidad de Parejo y su cuadrilla de corredores ávidos de atacar la espalda de Gatti.