Era antiabortista y machista. Están grabadas decenas de declaraciones suyas claramente racistas. Y era un fanático de la libertad de llevar armas. Dicho esto, causa verdadero pasmo comprobar cómo hay tanta, pero tanta, gente que durante este jueves se ha alegrado del asesinato de Charlie Kirk. Existen ejemplos a millares de quienes en lugar de lamentar su muerte la celebran o justifican en todo tipo de redes sociales. Muchos mensajes suman decenas de miles de likes. Incluso en Bluesky, refugio de quienes abandonaron X con la irrupción de Elon Musk y que propugnan que la nueva red es un espacio de amor, no como la plataforma del magnate. Es quizá la prueba de que Bluesky no es bueno sino solo joven.

Charlie Kirk weaponizes culture wars to indoctrinate young people into far-right politics, promoting harmful and even deadly conspiracy theories, endangering marginalized communities, and undermining democracy, all whilst profiting off the chaos.

Save your sympathies for the…

Otras columnas analizarán la escalada de riesgo de enfrentamiento social que este crimen supone, y algunas más lamentarán la parte humana y el sufrimiento de una viuda y dos niños pequeños. En cualquier caso, las repercusiones digitales de este asesinato suponen una pésima noticia por dos razones.