“Cuando no se cocina, los ingredientes son aun más importantes”, dice Danilo Virzi, uno de los tres socios de la bocatería Can Gourmet, mientras coloca una mortadela italiana de 27 centímetros de diámetro en la cortadora de fiambre. Él lo tiene claro: entre pan y pan, calidad. El bocadillo que prepara lleva finísimas y abundantes lonchas del embutido traído de Bolonia, peras y queso gorgonzola, también de importación. Son 14 euros, que en Ibiza es lo que cuesta un botellín de agua en una discoteca....
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En esta diminuta bocatería del puerto de Ibiza, ―17 metros cuadrados, cocina incluida―, el ronroneo de la cuchilla giratoria no cesa. Abrieron hace cinco años, y desde las diez y media de la mañana hasta la una de la madrugada que cierran, hay gente en la puerta. Tampoco es que haya mucho más sitio en el que esperar la comanda, porque el retacado local tiene apenas una mesita y dos taburetes. No hay baño, pero sí decenas de sombreros de paja adornando el techo, jamones colgados, botellas de aceite o licor de hierbas, latas de conserva y una antigua balanza que le dan un aire de viejo colmado. En la calle, la pizarra también está atiborrada con un menú de bocadillos que va de los 12 euros del de humus de garbanzos, aceitunas negras y verduras asadas, a los 28 del de cecina del mar (ijada de atún) o los 27 del de wagyu con stracciatella (el cremoso interior de burrata que abunda en la carta). No falta el de roast-beef con salsa de atún (15 euros), un delicioso giro del clásico vitello tonnato, que el pasado mes de mayo les valió el premio al mejor bocata de España 2025. Sin embargo, el galardonado Mar y Tierra no es la estrella.






