Cuando las grandes discográficas se instalaron en España, fueron recibidas con alborozo: se suponía que traerían aires de modernidad y que difundirían aquí sus codiciados catálogos. Aunque ya había multinacionales implantadas aquí, como EMI, RCA y Philips-Polydor, la entrada de CBS, Ariola y (más tardíamente) Warner fue una bendición incluso para las músicas no conectadas con el pop. En tiempos como los presentes, cuando las disqueras sacan el revólver al escuchar la palabra cultura, puede asombrarnos comprobar que d...

urante los años franquistas contaban con departamentos para la clásica, el folklore, el flamenco.

Apenas hay textos sobre la industria fonográfica nacional y eso que cuenta con aventuras épicas, como la elaboración ―a veces, con estudios móviles― de suculentas compilaciones de clásica, folklore y flamenco, siguiendo la pista de la Anthologie du chant flamenco, de la francesa Ducretet Thomson. La madrileña Hispavox destacó con la apabullante Colección de música antigua española o la Magna antología del cante flamenco, realizada por el flamencólogo de la empresa de la calle Torrelaguna, José Blas Vega. Que ya había fichado a Enrique Morente, gigante que debutó en 1967 con un LP donde ―marca de la casa― detallaba escrupulosamente el origen de sus cantes.