Hay a quien le gusta la tortilla de patata con pimiento. Pues bien, en esta receta ponemos la tortilla dentro y el pimiento por fuera, y no discutimos sobre si lleva cebolla o no, porque es un debate aburrido y superado: cada cual que tome la tortilla de patata como le venga en gana. Es un entrante o tapa que a algunos les puede sonar viejuno, pero que también puede estar riquísimo. No seáis prejuiciosos.
La fritura para que los pimientos queden tiernos tiende a dejar la tortilla cuajada por completo. El que avisa no es traidor: no es que sea imposible que la tortilla quede jugosa, pero no es fácil. Hay un equilibrio complicado en el control de los fuegos para que se muevan entre dejar tierno el pimiento y no resecar la tortilla.
Como todas las preparaciones similares con huevos, el plato admite múltiples variantes. En la tortilla puedes introducir verduras como el calabacín o la berenjena, o añadidos picados de origen porcino como el jamón o el chorizo. Lo que no admite demasiadas variaciones es el pimiento, que conviene que sea de tipo “italiano”: los más pequeños al estilo Padrón serían una tortura para rellenar, y los morrones, más grandes y gruesos, complicados de freír.
Tiempo: 60 minutos






