Dicen las lenguas de doble filo que la piriñaca cántabra es como la ubicua ensalada campera, pero con otro nombre. No he hallado una fuente fiable que confirme que se prepare sí o sí con patata cocida, tomate fresco, pimiento crudo, cebolla, aceitunas, huevo duro y atún en conserva, aunque sí tropecientas webs de recetas que lo afirman porque se copian las unas a las otras cuando Google les exige que la publiquen. La deficiente entrada de Wikipedia referente a este plato contiene dos referencias, dos, que corresponden a dos unidades de blogs de dudosa autoridad. Me estoy viniendo arriba repartiendo estopa, pero no es para menos.

La piriñaca gaditana o andaluza, según decía el señor Pepe Iglesias en su web Enciclopedia de Gastronomía es lo mismo que la pipirrana, cascaflote, almorraque o picadillo, en términos generales, un picadillo de tomate, pimiento, pepino y cebolla, aliñado con sal y aceite de oliva. Entonces, ¿por qué ambas modalidades de ensalada fresquita ostentan el mismo nombre? A finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX se produjo una importante migración de montañeses hacia los puertos de Sevilla y Cádiz, donde muchos abordaban su viaje hacia las Américas, pero otros quedaban allí.