Ellos, otra vez. Quiénes si no. El uno, un artista; el otro, pura ingeniería. No parece que hoy por hoy exista otra salida en un deporte edificado sobre las grandes rivalidades históricas y que asiste a un desfile militar de dos fenómenos que no dejan de crecer y perfeccionarse, de retroalimentarse y de expandirse en medio de un escenario que, más allá de ellos, empieza a resultar una planicie. El caso es que Carlos Alcaraz y Jannik Sinner volverán a cruzarse esta tarde (20.00, Movistar+) en la misma pista que hace tres años, cuando ninguno de los dos había llegado a explotar ni alzado ningún grande, acogió el primer gran episodio de un toma y daca encaminado a adquirir tintes antológicos.
A un lado ya la vieja guardia de campeones, porque a pesar de que Novak Djokovic se niegue a apartarse ya ha sido empujado del primer plano, ley de vida constatada en las semifinales del viernes, el italiano (24) y el español (22) se han convertido en los indiscutibles dominadores a base de inconformismo y dedicación, de una evolución meteórica que todavía ofrece un generoso margen de perfeccionamiento. Ahí están sus portentosas cualidades, moldes excepcionales que desde edades infantiles ya hacían presagiar la llegada de dos fueras de serie, pero a la base han incorporado una voluntad permanente por superarse a sí mismos.









