Y de repente, Max Verstappen. Hace ya tiempo que la Fórmula 1 tiene delante una corriente crítica que argumenta que al certamen se le ha agotado esa magia que años atrás construía leyendas. Estos enemigos del Gran Circo sostienen que ya no ganan los pilotos, sino que quien lo hace son los coches y, si acaso, los ingenieros. Toda esa teoría la tira por tierra Verstappen con jornadas como la de este sábado en Monza, donde el holandés se inventó dos vueltas inverosímiles que le permitieron materializar su quinta pole position del curso. Dos filigranas que dejaron sin efecto la superioridad manifiesta de los McLaren, los monoplazas más equilibrados de la parrilla. Ese último giro, el que le permitió superar a Lando Norris, le llevó a establecer una media de velocidad de 264, 68 kilómetros por hora, la más elevada de la historia del certamen. Esta pole, por lo demás, es la número 45 de su hoja de resultados, siempre con Red Bull, circunstancia que le convierte en el corredor de la escudería del búfalo rojo que más acumula, al superar las 44 de Sebastian Vettel.

MAX VERSTAPPEN TAKES POLE FOR THE ITALIAN GRAND PRIX 🇮🇹👊#F1 #ItalianGP pic.twitter.com/GHmXXI3f5m

Que McLaren circula por delante es una impresión que se ve reflejada en el cronómetro y que la tabla de puntos corrobora. Y a pesar de ir metido en un Red Bull que no es ni de lejos lo que fue, Mad Max es capaz de marcar la diferencia y colocar ese coche en cotas que no merece por potencial. En Italia se plantó Ferrari, como casi cada año, con la intención de salvar una temporada que tenía que ser de fuegos artificiales y que terminará sonando a petardazo. Con McLaren inmersa en el pulso por el título que mantienen Norris y Oscar Piastri, el actual campeón del mundo encontró un hueco, la tercera criba de la cronometrada (Q3), para dar un paso al frente y dejarlos a todos con la cara que tiene una merluza al sacarla del congelador. Al australiano, al británico, a Ferrari y a la mayoría de tiffosi que se agolparon en las gradas.