VUELTA A ESPAÑAETAPA 13

El grito a favor de Palestina no se sofoca en la Vuelta, revueltas desperdigadas, pero también articuladas y conjuntadas, que están desestabilizando a la ronda. Desde la contrarreloj por equipos, cuando varios protestantes detuvieron el paso de los corredores del Israel-Premier Tech, a la etapa en Bilbao, cuando la organización decidió adelantar tres kilómetros la meta para evitar males mayores, toda vez que al paso de los ciclistas se dio una lluvia de octavillas y banderas que acabaron por encender las refriegas con la Ertzaintza. Ayer, de Cabezón de la Sal al Angliru, de Cantabria a Asturias, se repitieron los episodios en contra del genocidio israelí, incapaces los servicios policiales de contener a los manifestantes, arte y parte de la carrera, también jueces. Tanto fue así que, por un momento, los fugados tuvieron que echar el pie al suelo. Pero hubo más en un día en el que Almeida escribió con letras de oro su triunfo, por más que no pudiera despegarse de Vingegaard, que vuelve a subrayarse como el claro favorito para el laurel final.

Tierra verde, de frondosos bosques y montañas que tocan con el cielo, también de mar bravo, arrancó la etapa en Cabezón de la Sal. Ocurrió que, una vez más, el foco de atención y la tensión no solo se dio en el asfalto, pues, organizados por diferentes colectivos, reverberaron las protestas en favor de Palestina, doble cacerolada en el puesto de firmas y en el kilómetro cero. Los gritos, en cualquier caso, no pasaron de ahí, protesta pacífica a diferencia de la del País Vasco.