Es el papel más relevante en lo que llevamos de curso. Y no, no es el informe de Caixabank diciendo que faltan más de medio millón de viviendas en España. Tampoco los Presupuestos, que ni están ni se les espera. Pero dejemos de hacer demagogia fácil y vayamos a lo relevante: al análisis del discurso de la apertura del año judicial a cargo de la presidenta del Tribunal Supremo. ¿Ha sido, como esperaban muchos, una crítica nítida a la presencia del fiscal general del Estado, una enmienda contundente a la reforma de Bolaños y una dura respuesta a Sánchez por sus palabras sobre los jueces?¿O más bien ha pasado de puntillas y se puede entender como una acusación velada al plantón de Feijóo, como deseaban otros? ¿Cuál de las dos Españas se ha sentido mejor representada en el discurso de Isabel Perelló?
El resultado de la interpretación de esas palabras es tan determinante como el examen de las entrañas de oveja que el arúspice le hacía al emperador romano. El veredicto ya se había adoptado antes. Cualquier palabra, cualquier silencio, serán vistos como desdén pasional por unos y aplomo profesional por otros. Lo que interesa a nuestros césares, de toga roja o azul, es que se hable de las hojas de un discurso que, como las de té, den lugar a lecturas tan misteriosas como favorables a sus intereses.








