Masta significa mástil en euskera, pero por la luz que desprende este proyecto debería llamarse itsasargi, que quiere decir faro. “Le pusimos el nombre por la intención de rendir homenaje a la tradición marinera de la zona”, cuenta el cocinero donostiarra Garikoitz Arruabarrena, de 33 años.
Gari y Javier Ochoa (32 años, Cascante), socio y también cocinero del restaurante Masta, en Zarautz, se conocieron trabajando en Canalla Bistró, en Madrid. Antes habían pasado ambos por el madrileño Nakeima, Gari cocinó una buena temporada con Edu Pérez en Tohqa, de El Puerto de Santa María, y juntos pensaron en emprender un proyecto. “Empezamos a mirar locales por Donosti, pero las licencias y los precios de los alquileres están disparados”, cuenta Gari. “Como había estudiado en la escuela de cocina de Arguiñano, en Zarautz, le tenía cariño al pueblo. Un día, mirando locales, dimos con esta antigua taberna”. Dejaron su barra, gran parte del mobiliario y abrieron en abril de 2023. “Le lavamos la cara e iniciamos el proyecto con la idea de cocinar bien y guisar cosas sencillas con productos humildes”, cuenta Gari. Dos años después, la propuesta ha ido mutando, pero conserva los manteles de cuadros, esa pasión por el guiso y ha ganado en sala con la incorporación de Judit Ayago (32 años, Villafranco del Guadiana, Badajoz), que había trabajado con Gari en Nakeima y venía de Angelita Madrid. “Gracias a ella, la experiencia del cliente ha cambiado muchísimo. Eso nos faltaba, pues Javi y yo somos cocineros, y se necesita la profesionalidad en la sala”, señala Gari. Por eso, cuando entras en Masta, hay que dejarse en manos de Judit, su conocimiento y desparpajo te hacen sentir rápidamente en casa. “Al principio era una taberna más euskaldun, a día de hoy es una casa de comidas donde sentarse a disfrutar”, afirma ella.






