Cuando empieza a apretar el calor y las playas más bonitas de la Costa Brava se llenan antes del mediodía, hay una alternativa que sorprende por lo cerca que queda… y lo distinta que es. A una hora y media de

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title="https://elpais.com/elviajero/guia-el-viajero/2025/2025-07-07/10-barcelonas-en-10-pasajes-una-muestra-de-lo-que-ofrecen-los-distritos-de-la-capital-catalana.html" data-link-track-dtm="">Barcelona (ya sea en coche o en tren de Cercanías desde la estación de Sants), Caldes de Malavella y su entorno invitan a vivir un verano más lento, menos transitado. No está a pie de playa, pero sí forma parte de la Costa Brava interior: a apenas 25 minutos de Sant Feliu de Guíxols o Platja d’Aro, lo suficiente para (casi) oler el mar sin sufrir sus aglomeraciones. ¿Sombrillas? ¿Chiringuitos? Ninguno. En su lugar: termas romanas, golf entre pinos y restaurantes que justifican por sí solos una escapada.

Esta diversidad de propuestas se entiende mejor al situarse en el contexto geográfico de la comarca de La Selva, entre el Baix Empordà, la Garrotxa y el Gironès. Llena de contrastes, se extiende desde la plana agrícola del Ter Brugent hasta las montañas del Montseny-Guilleries. Es tierra de fuentes calientes y de pueblos que conservan el ritmo antiguo, como Hostalric, con su trazado medieval; Osor, rodeado de bosques y montañas; o Amer, donde la plaza porticada y el monasterio marcan el pulso tranquilo del lugar. También es un territorio de caminos que cruzan robledales y encinares, donde abundan los alojamientos rurales en plena naturaleza: masías con piscina o pequeños hoteles con encanto.