“Realmente es un destino muy completo y se ha guardado como un pequeño secreto durante muchos años”. Bruno Hallé, socio codirector de la división hotelera de Cushman & Wakefield, describe así el descubrimiento de la Costa Brava que se está produciendo en Europa y EE UU, una localización de veraneo típica de los barceloneses durante las últimas décadas. Este boom turístico está acompañándose de inversiones inmobiliarias para convertir masías y otras propiedades en hoteles boutique, en una zona donde la oferta de plazas de alojamiento no es tan amplia como en otras zonas costeras de España.

A finales de agosto, The New York Times publicaba un reportaje sobre la Costa Brava, poniendo el foco en un destino que cada vez interesa más al visitante estadounidense. “Hay un nuevo mercado de demanda que ha descubierto esta zona, que históricamente ha sido de segundas residencias de la gente de Barcelona”, apunta Hallé. Este directivo explica que el cambio en la climatología está alargando la temporada en este destino idílico lleno de calas en Girona, que hasta hace no mucho era muy estacional y estaba centrado casi exclusivamente en el verano. “Junio y septiembre son meses ideales y los hoteles ponen tarifas casi de temporada alta”. Hallé también describe que es un lugar que gusta al turista extranjero, porque además de playa tiene una oferta muy completa de cultura, gastronomía, turismo náutico y campos de golf.