Cada ser humano tiene sus ideas. Las expresa en casa o en el bar, con moderación o furia, consigo mismo o en debates. Los directores de cine, además, las vuelcan en películas. De ahí que haya temas que se vuelvan recurrentes en la pantalla, porque preocupan en ese momento a la sociedad. En esta edición del festival de cine de Venecia, por ejemplo, muchos largos analizan la paternidad, o la esclavitud que ha impuesto el trabajo capitalista. En otros años, fue la política, la identidad o la migración. Y así. Un asunto, sin embargo, permanece como constante en el séptimo arte occidental desde hace décadas: el Holocausto. Ya se sabe todo, pero las preguntas ―y los filmes― no cesan. Tal vez porqu...
e resulte imposible explicar tamaño horror. O incluso retratarlo con una cámara. Hoy, en la Mostra de Venecia, otro documental se ha sumado al intento: Holofiction, de Michal Kosakowski. Con una propuesta, eso sí, inédita. No se parece a ningún filme visto hasta ahora. Y, a la vez, los engloba a todos.
“La ficción es transgresión. Creo que la representación de ciertas cosas está prohibida”, sentenció el director Claude Lanzmann en 1993, a raíz del estreno de La lista de Schindler, de Steven Spielberg. Por eso, la única forma que halló el cineasta francés fue un documental de nueve horas, en el que trabajó durante 11 años: Shoah, referencia de cualquiera que pretenda abordar en el cine la mayor tragedia del siglo XX. Y precisamente de esa frase partió Kosakowski. Estudió hasta 3.000 películas y series que han afrontado el argumento, desde 1938 hasta nuestros días. Y las mezcló para componer todo el metraje de Holofiction: lo que se ve, pues, es el Holocausto tal y como lo ha contado el cine. Fragmentos de El paciente inglés, Julia, Una bolsa de canicas, Malditos bastardos, la española El fotógrafo de Mauthausen o La vida es bella, una de las más denostadas por Lanzmann. Y muchísimas más. Solo imágenes, y música. Ninguna palabra. Salvo las conversaciones que espera suscitar tras la proyección.






