España se está convirtiendo en un destino potente dentro de Europa para la inversión inmobiliaria. El viento de cola de los datos macroeconómicos está favoreciendo que los grandes inversores extranjeros miren con interés realizar operaciones en mercados como el hotelero, el residencial y los centros comerciales. Aunque no existe una estadística oficial unificada sobre el volumen de inversión, los responsables de grandes consultoras preguntados por Cinco Días calculan que el valor de las transacciones a final de año pueden llegar hasta los 17.000 millones de euros, lo que supondría un incremento del 20% respecto a 2024.
Oriol Barrachina, consejero delegado de Cushman & Wakefield, espera que el mercado mantenga su dinamismo, impulsado por un entorno económico favorable, la bajada de tipos de interés y la recuperación del capital internacional. “El contexto económico general en España es favorable para el sector inmobiliario. Se espera un crecimiento del PIB del 2,6%, impulsado por la fortaleza del mercado laboral, el consumo privado y el turismo. Además, la inflación se ha estabilizado cerca del 2% y los tipos de interés están en descenso, lo que mejora las condiciones de financiación y aumenta la confianza de los inversores”, describe.






