Son tiempos convulsos para invertir. Con una inflación más persistente de lo previsto, con las grandes economías muy endeudadas, tensiones geopolíticas al alza y el retorno de las fronteras y del proteccionismo, pocos activos parecen a salvo de un revolcón de los mercados financieros. Hasta el todopoderoso dólar parece ahora una moneda más frágil.

Las fórmulas que hasta ahora parecían infalibles para construir una cartera resiliente están ahora bajo cuestión. Algunos inversores recomiendan incorporar más activos alternativos (como las empresas no cotizadas y la deuda privada), para reducir la volatilidad. Otros reivindican el oro como el mejor amortiguador.

Una de las fórmulas más habituales para tratar de adaptarse a un mercado cambiante es la de los fondos flexibles. En lugar de centrar toda su estrategia en Bolsa, o en deuda, sus gestores tienen las manos libres para ir calibrando el nivel de riesgo en cada momento. Si ven que el panorama se complica, pueden incrementar el peso de la renta fija a corto plazo y la tesorería. Modo a prueba de riesgo. Si las nubes se despejan, aumentan el peso de los activos de riesgo.

Dunas Capital es una gestora de fondos española que administra capital por valor de 4.200 millones de euros. Su estilo de gestión tiene muy en cuenta esa flexibilidad a la hora de seleccionar en qué tipo de activo es conveniente invertir en cada momento. En su última presentación semestral, sus gestores advirtieron del temor al alto endeudamiento de la mayoría de economías occidentales, lo que convierte en un activo cada vez más arriesgado a los tradicionales bonos soberanos.