En una de las montañas más icónicas de los Dolomitas, en Italia, hay carteles que avisan explícitamente de que no se puede hacer pipi en la montaña, so pena de que te corten los huevos. También en Italia, las señales de tráfico pueden ser una maravilla, como la que avisa de los túneles: no es la típica boca de la infraestructura, sino una ilustración en perspectiva, mucho más sexy, con la luz al final del ídem. La señalética (sea o no de tráfico) también puede ingeniosa y dejarnos boquiabiertos. O absurda y poco afortunada: en Bruselas, en el aviso de zona peatonal la persona que camina va medio agachada, como si sufriera lumbago. Y en el metro de Barcelona una valla alerta desde el perogrullo: “Enlace cerrado cuando la puerta está cerrada”. En el metro de Londres, tiran de ironía para avisar a los que llevan una pinta de más de que no es buena idea acercarse al borde de los andenes. O se ponen serios: entonces explican con texto y cifras que las escaleras mecánicas están estropeadas y será preciso subir o bajar 71 peldaños.
A ver, personalmente, el imperio romano que me tormenta todos los veranos es la vuelta al trabajo. Ojalá pudiera evitarlo, pero toooooooooodos los días cuento los que me quedan para volver. Pero, dado que dedicar este texto al vértigo del final del asueto sería poco edificante, me he buscado otra obsesión vacacional: el diseño de las señales de tráfico y la señalética en general (museos, transporte público, bares). Colecciono por igual fotos de maravillas y desastres.








