El cine idiota es tan antiguo como el propio cine. Desde El regador regado, corto de 45 segundos filmado por Louis Lumière en 1895, considerada la primera comedia de la historia, la risa intrascendente, de carcajada liberadora y un tanto tonta, ha sido una constante. Y en ese sentido pocos subgéneros más efervescentes que las parodias en su versión más cafre.
Sin embargo, en estos tiempos de genuflexión hacia la entidad, de arqueo de ceja ante cualquier cosa que no tenga intenciones de importancia, el regreso de Agárralo como puedas, mito de la comedia de los ochenta, década de la ligereza y lo dionisiaco en el cine americano, adquiere una doble relevancia externa. La primera, positiva: como contestación canalla a los adalides de la enjundia a toda costa; del mensaje, la crítica y la pretensión. La segunda, no tanto: la película de Akiva Schaffer, que cumple con gracia sus propósitos, tiene poco o nada de original como operación comercial; se han conformado con hacer una aparente secuela tardía que en realidad es un remake de la original de los ZAZ (Jim Abrahams y los hermanos Jerry y David Zucker, creadores también de las grandiosas Aterriza como puedas y Top secret!), calcando su estructura y el diseño de sus personajes, e incluso repitiendo algún chiste.







