Manuel Gómez Pereira recupera un tipo de comedia política para el cine español que nunca debería haberse olvidado

Algunas de las situaciones más trágicas de la historia de la humanidad han dado lugar a una parte de las mejores comedias de la historia del cine. Saber mirar para entrever dónde, además del drama, puede hallarse el ridículo, y con ello la risa, siempre ha sido esencial a la hora de abordar los acontecimientos más extraordinarios. Luego ya solo queda dotar del color más adecuado al relato, a su fondo y a sus formas: el refinado y elegante blanco del que no quiere hacer sangre; el blanquinegro de la comedia dramática; el cruel negro de la carcajada que se congela a causa del pudor y hasta de la vergüenza. ...

José Luis Alonso de Santos lo supo vislumbrar en su obra de teatro La cena de los generales, ambientada un par de semanas después del fin de la Guerra Civil Española y de la caída definitiva del Madrid republicano. Al dramaturgo vallisoletano se le ocurrió la tan feliz como sobrecogedora idea de que, en medio de la tragedia, la miseria, la muerte y la degradación, quizá Franco hubiera querido celebrar la victoria con sus lugartenientes en una lujosa comida en el hotel Palace. Y le añadió la gota que podría colmar el vaso de la risa y del dolor, de la mueca absurda y de la sonrisa desprejuiciada. El ágape resulta imposible porque todos los cocineros están en la cárcel. Por rojos. Así que hay que sacarlos de allí por un tiempo.