La recogida de residuos puerta a puerta, implantada en pequeños municipios del País Vasco, se ha revelado como un modelo eficiente para la gestión integral de los residuos urbanos. Pero no todos lo han acogido con la misma confianza y determinación. El sistema exige la implicación de los vecinos, una gran dosis de civismo y mucha disciplina. Las localidades guipuzcoanas de Usurbil (7.000 habitantes) y Pasaia (16.000) representan las dos caras de una misma moneda. La primera puso en marcha la recolección selectiva de basura en las viviendas hace más de tres lustros, bajo el gobierno de EH Bildu, y hoy presume de ser un ejemplo de éxito: las tasas de reciclaje superan el 80%. La segunda lo revirtió en 2015 tras un pacto entre PSE-EE y PNV y recuperó los contenedores tradicionales. Su cuota retrocedió del 70% al 47%.
Usurbil, pueblo costero a 10 kilómetros de San Sebastián, lleva a gala ser pionero dentro de la comunidad autónoma en la recogida domiciliaria organizada de la basura. Su fórmula es personalizada y para los vecinos no deja de ser engorroso: tienen que separar los residuos y depositarlos en los cubos correspondientes, colgados en los portales en días específicos. Cuentan con cinco bolsas: amarilla para el plástico, verde para el vidrio, azul para papel y cartón, marrón para el orgánico y verde para la fracción llamada “resto”.







