A nadie le gusta caminar demasiado para bajar la basura. Menos aún cuando la tarea se relega a última hora del día, cuando priman las ganas de dormir. Pero lo cierto es que, desde hace ya tiempo, el paseo a los contenedores nunca es demasiado largo. Tres minutos, a lo sumo. En España ya hay un cubo amarillo –el destinado a los envases de plástico, latas y briks– o azul –para los envases de papel y cartón– cada 150 metros, según la media de proximidad que estima Ecoembes. En vista de este dato, la pregunta que se abre es otra, más acotada y si se quiere cómica: ¿por qué yo tengo el contenedor a tres calles y mi vecino lo tiene a la vuelta de la esquina? ¿Quién decide dónde se colocan? ¿Y cómo lo hace?

“Nosotros no los colocamos directamente, como quizá algunas personas puedan creer”, explica David García, coordinador del área de recogidas de la oficina técnica de Ecoembes, que se ocupa de todo lo relacionado con la red de contenedores y las rutas de recogida de los camiones. “Pero sí damos recomendaciones de ubicación a los ayuntamientos que llevan a cabo un plan de contenerización. Les guiamos y orientamos”.

La recomendación de dónde situar cada contenedor se basa en un mapa maestro que se actualiza en tiempo real. El sistema funciona de forma sencilla. Un programa informático carga varias capas de información sociodemográfica y las cruza con la ubicación de los contenedores. Así se obtiene el parámetro clave, el que determina dónde se ubica (o reubica) cada contenedor: la distancia media del ciudadano a los mismos.