Son las nueve de la mañana y el sol ya calienta. Algunos pájaros se bañan en el estanque. El gato, sigiloso, los observa. El ruido de los motores de los aviones rasga el silencio. Tras ellos el cielo se oscurece. No son nubes. ¡Ojalá! Huele a humo. En este momento mi cuñado está ahí conduciendo un camión motobomba. Por caminos empinados y sin limpiar. Ahora no piensa en sus condiciones laborales de mierda; en sus contrataciones por meses. No piensa en cómo tendrá que buscar trabajo para el invierno. Solo piensa en la forma de atacar este fuego que lo devora todo y en seguir vivo. El camión se agarra al terreno por la pericia del conductor. Las manos aferradas al volante, el corazón palpitante. Mi cuñado arriesga su vida porque ama el monte. Aquel cuyo destino se decide en la privacidad de despachos de quienes tienen otros intereses. Escribió Camus que buscamos proponer ejemplos de comportamiento a quienes llamar héroes y propone como héroe a una persona insignificante y borrosa para dar a la verdad aquello que le pertenece y al heroísmo el lugar secundario que debe ocupar. Mi cuñado quiere pasear mientras caen las hojas de los árboles. Cuando llegue el otoño. Mi cuñado no quiere ser un héroe.
Mi cuñado no quiere ser un héroe
Los lectores escriben sobre los incendios forestales, los estadounidenses que han decidido vivir en España y los menús escolares






