El Valencia y la Real Sociedad se repartieron los puntos en un día en el que sintieron que este primer partido de la Liga les llegó demasiado pronto. Dos equipos prematuros, sin ritmo ni llegada. El conjunto de Carlos Corberán tuvo más dominio gracias al mando de Javi Guerra, pero, a la hora de la verdad, no fue capaz de complicarle la noche a Remiro.
Un aire pesado bañó Mestalla en la noche del estreno. Treinta grados y una hinchada sudorosa que se alistó desde el primer día a la causa de Carlos Corberán, ya para siempre el técnico que rescató a su equipo cuando parecía un trasto viejo. El de Cheste estaba por primera vez en la casilla de salida de la Liga, como su colega Sergio Francisco, que llegó desde la cantera para guiar a la Real Sociedad, su Real. Los dos demostraron necesitar más tiempo para sincronizar a sus onces.
El Valencia tiene nuevas variantes, en especial el ingenio de Dani Raba, un delantero con ideas locas cuando recibe el balón en la cornisa del área. Ahí es impredecible y eso, si funciona, surte como una especie de embrujo sobre la afición, gustosa de descubrir caminos diferentes que sacudan la rutina. Aún así, el público comprobó que sigue vigente el libreto de José Luis Gayá, siempre incisivo con su profundidad y su ojo para dar el pase final.






