La Real y el Espanyol empataron en el estreno liguero de Anoeta, en el delicioso atardecer donostiarra, de temperatura suave y fútbol intenso. Ninguno de los dos equipos cumplió su objetivo, porque los de casa pretendían ofrecer la primera victoria a su afición, en el estreno de Sergio Francisco en el banquillo, y los visitantes, después de una primera mitad muy completa, se quedaron a medias después de irse al descanso con dos goles de ventaja.
Comenzó la Real como le corresponde a un anfitrión con posibles, apabullando al Espanyol ya desde la primera jugada, en la que Pablo Marín se ofuscó frente a Dmitrovic después de que Barrenetxea le habilitara dentro del área. Sufrían los periquitos en los minutos de inicio porque no acababan de ajustar los detalles de medio campo hacia atrás. Barrene y Kubo pudieron marcar antes del minuto 8, pero lo hizo el equipo visitante poco después, en la primera pérdida realista que acabó en el contragolpe fulgurante que condujo Milla, que en el instante oportuno hizo la pared con Roberto que se la puso en la cabeza a su compañero, que no desaprovechó la ocasión para abrir el marcador.
En vez de espolear a la Real Sociedad, el gol visitante desinfló a los de casa, que perdieron pie en el partido. No volvieron a coger el hilo hasta ya avanzada la segunda parte. La presión se volvió ineficaz, el Espanyol se adueñó del partido, jugando con tranquilidad, sin prisas, salvo cuando conseguía robar y echaba a correr con Roberto, Dolan y Milla, tres pesadillas repentinas para los zagueros realistas.






