Hoy me duele El Bierzo, mi tierra. Me duelen sus encinas y castaños calcinados hasta la raíz. Me duelen sus pueblos evacuados y los recuerdos de sus gentes convertidos en cenizas. Hoy me duelen sus montes de color verde esperanza, teñidos ahora de destrucción. Hoy, a los bercianos nos han dado donde más nos duele. Hoy, se quema nuestra identidad, nuestra historia, dejando un reguero de pavesas y lágrimas. Hoy, con mezcla de impotencia y pena, le pedimos a la patrona de El Bierzo que llueva, pero no porque se seque la ribera, sino porque se nos quema el alma, desde el corazón hasta Las Médulas.
María Álvarez. Ponferrada (León)
Soy del Bierzo, vivo en El Bierzo y mi vida laboral ha estado siempre vinculada a la prevención y lucha contra los incendios y he de decir que somos expertos en llevarnos las manos a la cabeza y buscar culpables en situaciones de catástrofe. Sin embargo, somos muy laxos a la hora de analizar las causas y de invertir en los remedios para el futuro, y me temo que este tipo de situaciones de incendios en el ámbito rural van a ir a más, sobre todo mientras los responsables políticos sigan estando obnubilados con las cifras del turismo y se olviden de los lugareños. Pero cuidado, todos tenemos parte de culpa.






