El único bar abierto en todo el valle del Jamuz, en el sur de León, se empieza a llenar pasada la hora de comer. Cuatro vecinos juegan a las cartas en una de las mesas de la esquina, otros dos debaten en la barra y Lorena Martínez, 42 años, que regenta este punto de encuentro en la pequeña localidad de Herreros de Jamuz, de 73 habitantes, tiene que apretar para responder a la velocidad de las comandas. Así de primeras nada parece indicar que hace poco más de dos semanas un fuego devastador que procedía de Molezuelas de Carballeda, un municipio zamorano a casi 30 kilómetros, sembró el terror en este pequeño pueblo de 73 personas y de todos los que se fue encontrando en su incursión sin control por León hasta convertirse durante 12 días en uno de los más devastadores de España, con más de 30.000 hectáreas abrasadas y miles de personas desalojadas. Pero Lorena pasa de servir cafés a sentarse con algunos de sus clientes de más edad para ayudarles a rellenar el formulario con el que deben solicitar los 500 euros de indemnización por el desalojo. El debate en la barra gira en torno a las personas que se quedaron sin casa por las llamas y, en un momento dado, la propia encargada puntualiza: es el único bar abierto del valle porque uno de los chicos que falleció, Jaime Aparicio, tenía el otro, el bar de Quintanilla [de Flórez]: “Me he quedado yo sola”.
La España entre cenizas: “Se quemaron mis recuerdos”
Las zonas afectadas por el fuego aún hacen recuento de los daños causados por los incendios que han golpeado al sector ganadero, agrícola, al turismo y la vida de los vecinos






