La luz del atardecer baña una ingente superficie negra desde que ese mismo cielo escupió varios rayos a las 21.04 del sábado 9 de agosto, desatando el infierno en Llamas de la Cabrera (León). El domingo, más centellas: a 15 kilómetros entre las montañas de El Bierzo, en Yeres. El primer incendio atormentó a decenas de pueblos; el segundo engulló el paraje natural de Las Médulas aunque se apiadó del yacimiento romano Patrimonio de la Humanidad. Ambos, devastadores, se detectaron desde el puesto de vigilancia que hay junto a la ermita de La Aguiana, donde Antonio Pérez observa los focos ocasionales. El gremio de los centinelas contra el fuego de Castilla y León se queja de precariedad y de sueldos bajos. Además, denuncia que la Junta ya les ha encontrado un sustituto: “Nos quieren sustituir por cámaras”.

Chasquido. La emisora vocea. Pérez, de 53 años, escucha y ve, como en los últimos nueve veranos, por 1.300 euros mensuales. Nunca con contrato anual. Este ingeniero forestal revisa el paisaje color chapapote, antes verde. Los caminos o cortafuegos semejan carriles de hormigas ante el negro horizonte, oteado con los prismáticos marítimos oficiales, con brújula imprecisa a 1.850 metros sobre el nivel del mar: “Cuestan 300 euros, pero yo tengo otros de 50 con más aumentos”. Salen de su bolsillo, como las botellas de agua porque no la hay potable o la leña para la chimenea: “El trabajador debe acceder por sus medios”. La Junta tampoco aporta el mobiliario, que trajeron entre todos: una cocinita o una cama plegable para el compañero que vive lejos y pernocta: “Es como un piso de estudiantes, todo heredado”. Mapas hay, pero no incluyen algunos pueblos o referencias. Él compró uno 3D.